Vacaciones sin fructosa (Parte II)

Como quedé en el post anterior, os voy a contar mi experiencia en los restaurantes, ya que durante las vacaciones también comí fuera varios días en distintas ciudades, y no tuve ningún problema.

Mi truco fundamental es decir que soy “alérgica”, no intolerante. A efectos conceptuales es completamente diferente, pero a efectos prácticos es lo más efectivo; con esto evito escuchar que “la cebolla casi no se nota” o “no sabe mucho a ajo” entre otros, y terminar mala.

Es cierto que lo más probable es no poder probar las comidas típicas de la mayoría de países, y esto es algo que hay que asumir… Pero comer fuera, ¡se puede!

La primera ciudad en la que cenamos en restaurante fue Venecia.

Es común en Italia que todas las pizzas tengan base de tomate, y a los inventores no se les discute (pero es una pena, porque yo de vez en cuando como alguna pero con base de crema/nata). Así que cuando todos empezaron a pedir distintas variedades, yo me estudié la carta de arriba abajo a ver qué podía salvarse.

No como pasta de trigo por este post, pero una cantidad moderada no me da síntomas. Y lo encontré: gnocchi con salsa de cuatro quesos. Es un tipo de “pasta de patata”, y ya que la patata es completamente apta y el trigo que la recubre es mucho menor que un plato entero de pasta, me convenció la idea… ¡y la disfruté mucho!

La segunda ciudad en la que también cenamos en restaurante fue Praga.

Aquí los platos típicos llevaban muchas verduras y especias, así que descartados, pero lo más sencillo es perfecto en estos casos, y más siendo un plato caliente después de días de “comida picnic”: pechuga de pollo con salsa de queso gorgonzola y patatas fritas. Muy bueno.

Por último, Cracovia.

Allí he probado muchas cosas, y para mi felicidad personal, la mayoría recién traídas del campo, todo natural y con un sabor inexplicable. Además, al no tener ningún tipo de estrés, he tolerado todo un poquito mejor.

En 5 días he podido tomar: judías verdes cocidas (que estaban buenísimas sin echarles nada) con patatas de tamaño pequeño al horno, huevos revueltos con tomate natural, pan tostado untado con queso blanco y cebollino, un puñado de arándanos, rábanos, y queso con hierbas provenzales en formato similar al Caserío, entre otras cosas.

Me atreví hasta a comer, algunos días por las mañanas, media cucharadita de mermelada casera de arándanos o de frambuesas.

Los pierogi, típicos en Polonia, son como empanadillas cocidas rellenas de diferentes cosas. Los probé una vez de plátano y otra de patata y queso. ¡Deliciosos!

Así que mi viaje ha sido muy completo en muchos sentidos, y he vuelto con alegría, fuerzas renovadas y una grata sorpresa al haber tolerado tantas cosas 🙂

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2 comentarios sobre “Vacaciones sin fructosa (Parte II)

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